¿Al maestro con cariño?

La semana pasada The New York Times publicó una nota, traducida por el diario La Nación, que describe la experiencia llevada a cabo en el Estado de Florida, específicamente en escuelas públicas del condado Miami-Dade, en las que siete mil estudiantes cursan materias esenciales en aulas con computadoras y sin docentes. Éste es el punto donde considero pertinente detenerme. De querer leer la nota puede hacerlo sin necesidad de guía.

Hace aproximadamente dos décadas que las computadoras llegaron a las escuelas y todavía parece no haberse resuelto, o al menos no todavía, el cómo incorporarlas o cuáles son las mejores estrategias a seguir; si el laboratorio de informática, que en la actualidad está siendo cuestionado, si el modelo 1 a 1, que en la región ha cobrado gran impulso, o si los carritos portátiles. Diferentes formas acerca de cómo incorporar las tecnologías, pero en ninguna de ellas se plantea, o por lo menos no en forma explícita, en sacar del juego a uno de los pilares de la construcción de conocimiento, así como de los procesos de enseñanza- aprendizaje.

En este sentido cabe traer a colación lo señalado por la antropóloga Mitzuko Ito, las nuevas tecnologías permiten a los niños y jóvenes aprender auto-didácticamente, pero en general lo hacen de acuerdo a sus áreas de interés y a programas informáticos. Ahora bien, se podría contra-argumentar que dado que las actividades están planificadas y estructuradas de acuerdo al avance de cada uno de los aprendices, monitoreado por el facilitador, esto no ocurriría. Estamos de acuerdo, pero tampoco se generaría el intercambio entre pares y con el docente, sujetos necesarios, para la construcción de saber.

Es por ello que pensar una instancia de construcción de conocimiento sin una instancia colectiva atenta, entre otras cuestiones y en algún punto, con lo postulado por Vigotsky, el saber comienza siendo intersubjetivo, para luego, en una segunda instancia, “volverse”, si se me permite el término, intrasubjetivo. Así como también, con el lugar de los sistemas escolares como espacios de de socialización y construcción colectiva de conocimiento, como menciona Buckingham.

Por tanto, puede que a partir de las resoluciones llevadas a cabo en Miami estemos perdiendo de vista, a mi entender, el foco de la cuestión. El mismo consiste en comprender por qué y cómo es necesario trabajar con las tecnologías digitales y, el mismo tiempo, reconocer los problemas que enfrenta la escuela en esta incorporación, cuáles son los procesos de aprendizaje que promueve o debería promover, dado que no son resueltos automáticamente por las tecnologías. En pocas palabras, estos desafíos implican, no solamente, repensar la institución escolar y las tecnologías digitales sino también la manera en cómo se genera, distribuye, recrea y democratiza el conocimiento.

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